Consejo arruga y el Ejecutivo asume: Ucayali entrega —¡por fin!— los equipos del Hospital Regional
- LaVozUcayalina

- 17 nov 2025
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El Consejo Regional volvió a patear la responsabilidad enviando a comisión la ordenanza para entregar el equipamiento del Hospital Regional, el mismo hospital donde siete trabajadores de salud acaban de contagiarse de TBC por las condiciones infrahumanas del servicio. Mientras el consejero Alberto Panduro —alias “el consejero delincuente”— y Leonardo Mallqui, seductor asalariado del Congreso del hampa, jugaban a la política menor, el Ejecutivo regional tuvo que activar un acto administrativo excepcional para destrabar la entrega de 503 equipos médicos críticos. La decisión —más obligación que mérito— permitirá la presentación técnica final este miércoles 19 en Lima junto a la Comisión de Fiscalización.
Redacción LVU

El Consejo Regional de Ucayali hizo lo que mejor sabe hacer: huir. La ordenanza que debía autorizar la entrega del equipamiento del Hospital Regional de Pucallpa —solo eso: autorizar la entrega de algo que ya existe, ya se compró, ya se auditó y ya está embalado— terminó enviada a comisión. Como siempre, el Consejo actuó con esa mezcla de miedo, cálculo y pequeñez que ha convertido al pleno en un simulacro de autoridad. Allí está Alberto Panduro, alias el “consejero delincuente”, siempre dispuesto al negociado y a asegurar el puesto para algún familiar. Y allí también Leonardo Mallqui, experto en seducciones políticas y asalariado del Congreso del hampa. Con ese elenco, pedir responsabilidad era un acto de fe.
Mientras los consejeros se replegaban detrás de excusas, el hospital seguía hundido en su propia tragedia. Siete trabajadores de salud acaban de ser diagnosticados con tuberculosis, contagiados dentro de su centro laboral, un recuerdo vergonzoso de lo que significa trabajar en ambientes sin ventilación, sin mantenimiento y sin equipos operativos. El HRP es el espejo roto de la salud pública en la región: personal enfermo, pacientes hacinados y un equipamiento nuevo que no puede usarse porque la política regional le teme a su propia firma. Mandar la ordenanza a comisión no fue un trámite: fue un acto de negligencia.
Este no es un caso de heroicidad del Ejecutivo, sino de realidad imponiéndose. El gobernador Manuel Gambini, como titular del pliego, simplemente hizo lo que tenía que hacer: activar un acto administrativo excepcional ante la incapacidad del Consejo para tomar una decisión elemental. El instrumento es extraordinario por definición, pero aquí funcionó como salvavidas para una gestión atrapada entre la urgencia sanitaria y el pánico político del pleno regional. La entrega anticipada no es un logro; es la medida mínima para no seguir hundiendo al hospital.
Detrás de esa resolución hay un expediente que cualquier consejero debería leer antes de opinar. Informes legales, memorandos técnicos, cuadros de necesidad, actas de verificación, responsabilidades patrimoniales. Participaron Infraestructura, Patrimonio, Diresa y el propio Hospital Regional. Todo el proceso que la ley exige se cumplió. El único eslabón que falló fue el político: un pleno más preocupado en no cargar con “costos” que en garantizar que un hospital en crisis pueda usar los bienes que lleva meses almacenando. Enviar a comisión fue su manera elegante de no trabajar.
Y la magnitud del equipamiento deja en evidencia la irresponsabilidad. Estamos hablando del ecógrafo doppler 4D para diagnósticos materno-fetales; electrocardiógrafos indispensables para Emergencia y Consultorios Externos; lámparas quirúrgicas de techo para el Centro Quirúrgico; máquinas de hemodiálisis para pacientes renales que hoy compiten por un turno; un microscopio de inmunofluorescencia para Patología; procesadores de tejidos y de endoscopios para elevar la calidad diagnóstica; además de mobiliario clínico y complementario para hospitalización, UCI, neonatología, pediatría y áreas críticas. Nada de esto es accesorio: es infraestructura vital.
Cada uno de esos equipos tiene destino inmediato y concreto. Diagnóstico por Imágenes recibirá tecnología que llevaba años esperando; Emergencia podrá reemplazar equipos que ya son piezas de museo; el Centro Quirúrgico dejará de trabajar con lámparas que parpadean como si fueran linternas viejas; Hemodiálisis tendrá máquinas suficientes para evitar que pacientes se queden sin turno. Patología podrá procesar muestras con estándares actuales. Neonatología, UCI y Medicina recibirán mobiliario digno. Todo lo que el Consejo postergó afecta directamente vidas humanas, no indicadores administrativos.
Y, como era previsible, cuando el Ejecutivo activó lo que el pleno se negó a aprobar, aparecieron los oportunistas de siempre. Políticos que jamás solo se asoman al hospital para la foto llegaron corriendo para grabar TikToks, posar junto a las cajas y simular una vigilancia que nunca ejercieron. El Congreso del hampa nunca desaprovecha un escenario para montarse en la narrativa ajena: si hay cámara, hay congresista; si hay caja, hay discurso; si hay gestión, hay oportunismo. La política peruana nunca pierde el olfato para la foto, aunque llegue tarde a todo lo demás.
El miércoles 19 en Lima, con presencia del presidente de la Comisión de Fiscalización, se realizará la presentación técnica final de los equipos. Será la culminación de un proceso que se extendió más por cobardía que por complejidad. Ucayali entregará —por fin— el equipamiento del Hospital Regional. No gracias al Consejo, sino a pesar de él. Y aunque ahora todos quieran subirse al coche, la historia queda escrita: cuando la salud está en juego, el Consejo arruga y el Ejecutivo, obligado por la realidad, termina haciendo lo que otros se niegan a firmar.








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